De las Fuentes

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Chorillos, San Pedro, José y su bote



Momento I


Ya sé como hacerlo…esto termina siendo una especie de relación metafísica suprema, y cada experiencia, única, desde su forma hasta su esencia misma.
Unas veces en algún pueblito en las afueras de Lima, otras, sentada en la Plaza Mayor…hoy me tocó conocer Chorrillos.
Es mediodía del viernes 29 de junio. Mientras espero que llegue una amiga que me acompañará en esta experiencia “casi religiosa”, en la esquina de “San Marcos” (cruce Venezuela con Universitaria), converso con una de las señoras que venden libros. Entre parla sobre textos, le cuento que voy a Chorrillos a celebrar la “Fiesta de San Pedro”:

- Y ¿usted no celebra a San Pedro, seño?
- ¡No!, yo soy evangélica, y sólo creo en mi señor único y misericordioso.
- ¿De qué lugar del Perú es usted?
- Del norte; de Piura.

Finalmente, terminamos hablando de la Marinera y el Tondero, y nada con algún mito de San Pedro.

¡Llegó mi comadre cocoliche!¡un fuerte abrazo! Y entre conversa’ se pasaron 40 minutos.
- Bueno Nena, ahora sí tomemos el carro. Por si acaso, yo no conozco Chorrillos.
- ¡Yo tampoco! – dice mi amiga.
- ¡No importa! – acoto – tomamos la primera custer que diga Chorrillos y nos bajamos en la municipalidad; allí preguntamos.


Momento II



Ya estamos en la Municipalidad de Chorrillos; los policías municipales, nos indican que caminemos tres cuadras hacia abajo, vuelta a la izquierda; cinco cuadras hacia arriba, vuelta a la derecha; dos cuadras de frente.

Caminamos tres cuadras hacia abajo totalmente alertas por la cantidad de “choros” que habían a plena luz del día; vuelta a la izquierda. A la mitad de las cinco cuadras que se nos había indicado, encontramos una feria infantil, con juegos para la gente (armados de deshechos) y carretitas de anticuchos y panchitos a Sol el palito, que devoramos con placer. Proseguimos a caminar las 3 cuadras restantes indicadas; vuelta a la derecha. ¡El distrito es un jolgorio!¡una ciudad cosmopolita! A lo largo de las calles, cientos de ambulantes, que comercian desde ropa y comida, hasta hermosas piezas artesanales. No faltan los “showmen”: El que, acompañado de su pegajosísima culebra, ofrece ungüento de este animal para curar enfermedades reumáticas. Por allí, un talentoso músico, que sin poseer extremidades, ayudado sólo por su boca e instrumentos hechos de botellas y otros objetos descartables, mantiene a la gente boquiabierta a su alrededor. Más aún, a la altura de la Iglesia San Pedro de Chorrillos, el anda del Santo del mar yace en hombros de los fieles que con regocijo y júbilo – devoción, caminan pausada y armoniosamente al ritmo de una pequeña banda del ejército que los acompaña sin dejarse abatir por el cansancio.
Nena y yo nos metemos por entre la gente, buscando estar cerca del anda; queremos tratar de tocarla, queremos sentir por nuestras venas la misma emoción que sienten los devotos de San Pedro; estamos bañadas del olor a incienso, del aroma fervoroso de la gente y de sus cuerpos calientes por la multitud y la larga caminata; sin embargo, aún siento que la del “Señor de los Milagros” es más impactante.

Mientras el anda se detiene para ser homenajeada por el Club Chorrillos, Nena y yo, salimos escurridizas, tratando de buscar sensaciones distintas, no conocidas o no exploradas. Mientras tanto, caminamos hacia el malecón, y aunque la turba de gente hace gala de su presencia, el olor de los anticuchos, las pancitas, las mollejitas y los chancholíes nos invitan a su encuentro inevitable. Previamente, hemos comprado una botella de chicha de jora, muy rica por cierto, para que nos acompañe en el trayecto.


Momento III



Ya podemos divisar el mar desde el malecón. Estamos sentadas en una de estas rústicas carretitas blancas de madera que utilizan las señoras anticucheras; el vapor con olor a anticucho nos cae en la cara, mientras degustamos nuestro plato. Convesando con las “doñas”, nos indican que su “diosito” como llaman a San Pedro, ya debe estar abajo, en el muelle, y que dentro de poco, lo meterán en un bote, mar afuera, para que se cumpla el rito que todos los años, sus fieles esperan.


Momento IV



Caminamos la bajada a la playa. Casi todo el trayecto está ocupado por el Club Regatas; Nena piensa que este podría ser un lugar muy adecuado para un centro beneficiario social. A mí, después de todo lo que he visto hoy en Chorrillos, me parece que el club es la ciudad ideal que se sueña con construir en la Luna…
¡Llegamos a la playa!…qué rica sensación sentir el aire helado con olor a mar. Hay más gente que en un verano de 30ºC. Estamos acercándonos a la orilla para ver más de cerca la imagen de San Pedro que yace en el muelle. Ya lo sacaron de su anda; recién me percato que ésta tiene la forma de una arca. San Pedro está sobre una mesa. Mientras tanto, alguna gente se está embarcando en los botecillos, para acompañar a San Pedro mar afuera, por la “módica” (¿?)suma de S/.3.00.


Momento V



El dueño del bote, nos ayuda a subir y a acomodarnos en la estilizada embarcación: Un bote de madera, pero al que se le ha adaptado un fabuloso motor YAMAHA. Estamos sentadas, Nena, yo, y otras quince personas más rumbo mar afuera.
El dueño de la barcasa en un hombre de 50 años, de estatura mediana, flaco, mal afeitado; viste un pantalón delgado de tela color canela y una camisa mangas largas recogidas; está descalzo y lleva un pañuelo en la cabeza. Él mismo se ha presentado como “El Capitán”, y su currícula es haber sido profesor de locuras de Poggi. Se le ve feliz. Su forma de hablar medio pícara, y esos ojos saltones, hacen posible que sus bromas sobre un probable naufragio a realizarse mar afuera, hagan delirar de emoción a la gente…

- Señor, ¿cuál es su nombre? – pregunto.
- Yo me llamo José.

Han empezado a subir a San Pedro en un bote. Los reporteros corren sigilosos hacia otro, para capturar los mejores instantes. Ahora el bote de San Pedro se acerca al coro de las “damas” del Club Regatas quienes arrojan pétalos de flores multicolores sobre la imagen del Santo. Aplausos van y vienen. Mientras tanto, José nos cuenta en un tono entre disgustado y tolerante, que si el Club Regatas no da S/.2000.00 a la Iglesia, al Santo no lo pasean cerca de su coro, es decir, la presencia de San Pedro en el espacio del Club, asegura a los socios que sus aportaciones son para el fin recaudado.“El Capitán Poggi”, como ya lo llama la tripulación de la cual soy parte, también nos deja entrever, el afán de protagonismo que tienen muchas personas frente a los medios de comunicación que cubren el acontecimiento:
- “En el bote, junto a San Pedro, sólo deberían estar, el Alcalde, el párroco, el Presidente del Club Regatas, José Olaya y el comandante; nadie más. Sin embargo hay como 30 personas en un bote que como máximo deberían entrar 16”.

- Y ¿cómo hacen para elegir al José Olaya? – pregunto a José.
- ¡No!, a él nadie lo elige; él es un descendiente verdadero de José Olaya.

Siguiendo al bote de San Pedro en su recorrido, nos vamos cada vez más, mar afuera, y cada vez estamos más empapados de la vida de este admirable pescador. Lejos de la orilla, desde donde diviso a la gente fervorosa, mirando fíjamente el recorrido de su divino, me he dejado eclipsar por otra atmósfera, y ya no veo la vida de José con tanta simpleza. Mientras charlamos en medio del océano, puedo sentir el sonido que siguen sus pálpitos a cada una de sus palabras. José ama los peces por su naturaleza casi divina para él, pero tiene que matarlos para poder alimentarse. Ama mucho a San Pedro, como lo manifiesta, y es él quien le permite ganar dinero este día, de manera mucho más fácil al pasear a los fieles en su bote. De vez en vez, una súper ola se forma cerca de nuestra embarcación, y en un momento parece alcanzarnos; afortunadamente, el motor del bote hace que sintamos la ola como si hubiésemos pasado sobre una burbuja de agua. Me pongo a pensar que este mar, muchas veces embravecido, es el que tiene que lidiar José cada día, cuando sale a pescar…y el viento, sí, es increíble que vistiendo tan poco, como viste, no sienta lo helado de éste. Su vida está en constante peligro, pero él no parece notarlo; José toma las cosas con misticismo: “Si yo no venerara a San Pedrito, sería un desgraciado en el mar”; ¡ay de mí, Señor!”.

Ya llegamos a la playa; José nos cobra el pasaje tal y cual microbús, y nos ayuda a bajar de la embarcación. Somos los primeros en haber llegado. Detrás vienen “Juan Pablo II”, “Marybel”, “Willy”, “Tiburón” y otros botes más, que dejarán otras gentes…otras experiencias.
Ha oscurecido; he tomado mi custer regreso a casa y me despido del mágico Chorrillos, entre la Tecnocumbia que se escucha a rabiar en las calles y los juegos artificiales que nunca faltan en las celebraciones de esta Lima tan diversa.



Silvia Patricia Rodríguez SiuEscrito en la madrugada de fines de junio de 2001
Informe presentado como parte del curso de Introducción a las Ciencias Sociales (UNMSM).
Profesor de Teoría: Carlos Iván Degregori.
Jefe de prácticas: Pablo Sandoval

“Hermosa descripción; procura explicitar los procesos intersubjetivos con las relaciones de poder manifiestas en la festividad (discursos, distinciones, símbolos, rituales, etc.)”. Pablo Sandoval. Jul. 2001.

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